Toxina botulínica my friend!

“Si crees que puedes, ya estás a medio camino”

THEODORE ROOSEVELT

Llegó Agosto y parece que todo el mundo tiene ganas de tomarse unas vacaciones en la playa y descansar. Menos yo, por supuesto. Tengo otras cosas en mente como preparar papeles oficiales de la asociación, reuniones con distintos profesionales, visitas médicas personales… Pero muy a mi pesar, van a tener que esperar hasta Septiembre que todo vuelva a la normalidad. “Keep calm” me repito sin descanso.

Así que hoy os voy a presentar a mi nueva mejor amiga: la TOXINA BOTULÍNICA. Si, sabéis de quien os estoy hablando porque, dejando formalidades a un lado, la conoceréis más por el apodo de Bótox, la marca de toxina más famosa y conocida.

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¡Miss toxina botulínica en acción!

“¿Qué porque me junto con esas amistades a mis 24 años de edad?” se preguntará alguien. ¡Chico listo! Bien, pues os cuento:

Uno de los muuuuchos síntomas que tiene BVVL es la parálisis facial. Esta parálisis es la incapacidad de movimientos de algunos o ninguno de los músculos en un lado de la cara, aunque en mi caso afecta a los dos lados faciales y se conoce como la parálisis facial bilateral.

Siempre digo que cada persona es un mundo, y aquí se podría aplicar la misma regla. Cada insensibilidad es una historia distinta, afecte al músculo que afecte, es una galaxia entera, un espacio enorme y grandioso lleno de nuevas sensaciones donde todas las parálisis son diferentes aunque se semejen en un mismo patrón y en un mismo músculo.

La mía llegó hace más de 3 años y fue en cuestión de un par de meses que se agravó hasta el punto de afectarme al movimiento de la frente, las cejas, los párpados, los pómulos, las aletas nasales, los labios y el cuello (el cual derivó en una disfagia – imposibilidad de deglución – que os contaré con detalle en próximas entradas).

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Músculos faciales afectados por BVVL en el caso de Alba

Sinceramente, que una ceja no te responda cuando tu quieres o que tus labios no se curven en una sonrisa cuando deseas reírte es una de las sensaciones más incómodas que he vivido. Bajo las órdenes de esta inmovilidad me he dado cuenta de la importancia que tiene el lenguaje no verbal y la expresión facial en nuestro día a día. ¡Y tan siquiera nos damos cuenta! Expresar una ironía graciosa sin alzar una ceja es como ir a cenar a un mejicano y pedirte un cocido andaluz de entrante. O que tu comisura derecha tenga planes distintos a su compañera de la izquierda es peor que correr un maratón al trote de una bamba y un zapato de tacón en distintos pies. Son cosas que ni pensamos, por eso se les llaman innatas, movimientos automáticos, actos reflejos o como queráis llamarles, pero que siempre van de la mano y lo hacemos sin ser conscientes.

Pero a parte de la incomodidad y asimetría facial de la que os estaba hablando, llegó un día en el que prácticamente toda la cara me dolió (¡Y no, no de ser tan guapa como cantaban los Hombres G!).

Por aquel entonces ya hacía un año de dicha inmovilidad y no había presentado mejoras, hasta que tuve la suerte de cruzarme en el camino de la Doctora Josefina Junyent, jefe de sección del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona).

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Hospital Universitari de Bellvitge (Barcelona)

Nada más verme entrar por la puerta, la Dra. Junyent ya supo que gesto podía o no podía realizar, donde me dolía y como podría llegar a mejorar. Así que cuando me habló de la famosa toxina, de sus pros y sus contras  y después de pensar: “¿Esto me está pasando a mi?”, no dudé en hacer caso de su consejo. Según me contó, debíamos relajar y “paralizar” ciertos puntos activos de la cara para que los inmóviles dejasen ese estado de hibernación y empezaran a moverse lentamente. No voy a negar que me costó entenderlo porque “¿Cómo me iba a inmovilizar más la cara? ¿MÁS? ¿Estamos locos?”. Pero le di una oportunidad a esa sustancia mágica y a esa aguja infernal, y ciertamente es que no me arrepiento en absoluto.

Actualmente, llevo 2 años de tratamiento que consiste en inyectar la toxina cada 4, 5 o 6 meses ya que va perdiendo efectividad con el tiempo, y cada vez estoy más contenta porque tocamos menos puntos y hay una mejor reacción en todos los sentidos. Eso quiere decir que poco a poco, mis músculos van teniendo ganas de bailar una conga, y aunque en un futuro no tengan la misma soltura de antes, estarán felices de entrar por todo lo alto en la pista de baile.

¡Asúcaaaaaar!

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Conga facial

Desde aquí, agradecer a la Doctora Junyent por toda su amabilidad y sobretodo, darle las gracias por darme la solución a un problema que creía no tener salida.

Alba

fddsg

 

 

 

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